17/3/07

Comi una Paella Por 5oo y Termine con 8 Brazos

Todo comenzó una tarde en la que estaba en casa con mis dos mejores amigos, Héctor y Ángelo, haciendo zapping en la tele y tirando el típico comentario que se hace mientras se cambia rápidamente de canal: “¿A esa mina le darías?”. Después de dar dos vueltas completas por los más de 60 canales y descubrir que le dábamos murra a cuanta mina se apareciera en la pantalla (Salvo a la Canosa, a la que sólo un necrófilico le daría), decidimos apagar la tele. Héctor, Ángelo y Yo nos caracterizamos por ser muy bromistas, por ejemplo tocamos timbres y salimos corriendo, frenamos ambulancias y nos subimos, pateamos tarros de basuras y hacemos apuestas estúpidamente peligrosas por poca plata. Bueno, en realidad, ahora que lo pienso, somos tres hueones.

Salimos a dar una vuelta y, cuando pasamos por la rotiseria de la esquina, vimos un cartel hecho a mano que decía “Paella Especial… $ 500 pesos.” Mientras la señalaba, les dije: “Una paella acá y a $ 500 pesos… comes eso y vas directo al baño a liberar a Willy”. Entonces vi la cara del Ángelo que esbozaba una enorme sonrisa, mientras me decía: “¿Te la comes por $ 2.000?”. Me reí como para zafar, pero Héctor sacó $ 3.000 más y me miró diciendo:”Bueno ¿y por $ 5.000?”. Él siempre fue el más hueon de los tres, no sabe ni sumar. Si bien el premio era insignificante y mi vida corría peligro, no podía negarme. Porque Héctor no se negó cuando salto desde una micro en movimiento o cuando, por unas monedas se comió una empanada envuelta en papel higiénico usado, ni el Ángelo rechazó casarse con un nigeriano y irse de luna de miel al tranque recreo por el irrisorio monto de $ 10.000. No, mi honor estaba en juego. Compramos la paella, me senté frente al plato y me preparé para un partido inganable – era como si jugara el Wanders con 7 hombres contra la selección de Brasil.- Una hora más tarde el plato estaba vacío, mi honor intacto y mi estomago hecho mierda. Entre al baño siendo un ser humano común y corriente, pero salí siendo un fenómeno de 8 brazos y con 4 kilos menos.

Primero me alarmé, pero después Héctor y Ángelo me explicaron que tener 8 brazos podía tener sus ventajas, por ejemplo cuando estoy teniendo sexo con mi polola puedo hacerle mimos en el cuello o la espalda sin dejar de tocarle las tetas, aunque para esto, claro, primero necesitaría conseguirme una.

Ese mismo día, pero un rato mas tarde, me llego un mensaje de texto al celular que decía “PENSE QUE TU VIEJA LA CHUPABA COMO NADIE. HASTA QUE DESCUBRI EL PODER DE SUCCION DE TU VIEJO.” Era de Marcos, un amigo de mi hermano que trabaja en ENTEL. Llamé al 007 y, después de repetirle (a una maquina) al menos diez veces cada palabra, conseguí la dirección de las oficinas. Y como quedaba a un par de cuadras de mi casa, decidí salir corriendo para buscarlo y cagarlo a combos a 8 manos, literalmente. Estaba sacado, como cuando los chilenos escuchan que la selección otra vez no va al mundial. Cuando estoy a solo unos metros de mi venganza me despierto, todo fue un sueño el medico que estaba de turno me dijo que había llegado acá hace ya tres meses y que me había golpeado la cabeza en una roca después de caer del techo vestido de mujer y cantando Y.M.C.A de los Village People

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