
Esta es la historia de un hueon, un hueon importante de los que siempre fue mejor estar lejos, por que aún cuando era otro el que se mandaba una cagada, a éste seguro le echaban la culpa, por hueon.
Es impensable creer que alguien pueda llamarte a las 2 am para decirte que se compró por internet una polera clásica, que lo cagaron y le vendieron cualquiera, y que se quebró un dedo al intentar volver a doblarla. Pero a él si le pasó, por que siempre fue José, por que siempre fue un hueon.
Siempre salio a la calle con un walkman, discman, i - pod, auriculares de los grandes, celular, audífono de celular, el sueldo entero en el bolsillo, cámara de fotos digital y la laptop. Un Hueon. Nunca se entero que Bruce Willis, en Sexto Sentido, estaba muerto desde el principio. Desastroso en la escuela, escondía una mochila para hacer una broma y después se olvidaba dónde estaba. Potencialmente nocivo para las salidas: cuando las minas no se interesaban en él, destruía el clima por completo, hacia un desastre: como un enano tratando de llegar al mingitorio.
Un día recibió un mensaje de texto que cambiaría su vida para siempre: “¿cuántos pares son tres zapatos? Piénsalo “. El mensaje lo dejó paralizado por unos minutos, lo suficiente como para que sus amigos le pusieran semen en el frasco de shampú y él nunca se diera cuenta. Las burlas no se hicieron esperar: “pelo pegajoso”, “baño de crema” y las mas recordada, aún hoy: “José cabeza de pene” su vida se transformó en un completo caos: como un enano tratando de llegar al mingitorio.
Así pasó el resto de sus años de juventud, siendo victima y causa de todas las bromas. Se convirtió en una especie de ser extraño, aislado, como Nicolas Ríos. Bajando porno con el Ares, mirando películas japonesas porque estaban de moda y preocupadísimo por el cierre de Hotmail. Un hueon atómico. Hoy José se cree un tipo renovado, se anotó en un centro de pilates y no dejar pasar un día sin ver “Felicity”. Está orgulloso de su ringtone y, siempre que le ofrecen, agranda combo. Le pone nombre a sus calcetines y a su “Nahuelito, el monstruo que nadie ve”, como a el le gusta llamarlo. Una estupidez: como un enano tratando de llegar al mingitorio.
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