15/3/07

Increible !! se Fracturo El Dedo Doblando Una Polera


Esta es la historia de un hueon, un hueon importante de los que siempre fue mejor estar lejos, por que aún cuando era otro el que se mandaba una cagada, a éste seguro le echaban la culpa, por hueon.

Es impensable creer que alguien pueda llamarte a las 2 am para decirte que se compró por internet una polera clásica, que lo cagaron y le vendieron cualquiera, y que se quebró un dedo al intentar volver a doblarla. Pero a él si le pasó, por que siempre fue José, por que siempre fue un hueon.

Siempre salio a la calle con un walkman, discman, i - pod, auriculares de los grandes, celular, audífono de celular, el sueldo entero en el bolsillo, cámara de fotos digital y la laptop. Un Hueon. Nunca se entero que Bruce Willis, en Sexto Sentido, estaba muerto desde el principio. Desastroso en la escuela, escondía una mochila para hacer una broma y después se olvidaba dónde estaba. Potencialmente nocivo para las salidas: cuando las minas no se interesaban en él, destruía el clima por completo, hacia un desastre: como un enano tratando de llegar al mingitorio.

Un día recibió un mensaje de texto que cambiaría su vida para siempre: “¿cuántos pares son tres zapatos? Piénsalo “. El mensaje lo dejó paralizado por unos minutos, lo suficiente como para que sus amigos le pusieran semen en el frasco de shampú y él nunca se diera cuenta. Las burlas no se hicieron esperar: “pelo pegajoso”, “baño de crema” y las mas recordada, aún hoy: “José cabeza de pene” su vida se transformó en un completo caos: como un enano tratando de llegar al mingitorio.

Así pasó el resto de sus años de juventud, siendo victima y causa de todas las bromas. Se convirtió en una especie de ser extraño, aislado, como Nicolas Ríos. Bajando porno con el Ares, mirando películas japonesas porque estaban de moda y preocupadísimo por el cierre de Hotmail. Un hueon atómico. Hoy José se cree un tipo renovado, se anotó en un centro de pilates y no dejar pasar un día sin ver Felicity. Está orgulloso de su ringtone y, siempre que le ofrecen, agranda combo. Le pone nombre a sus calcetines y a su “Nahuelito, el monstruo que nadie ve”, como a el le gusta llamarlo. Una estupidez: como un enano tratando de llegar al mingitorio.

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