Dicen que en situaciones límite nuestro cuerpo es capaz de reaccionar de maneras sorprendentes, ayudándonos a realizar grandes hazañas que con la cabeza en frío creíamos imposibles. Seguro que todos alguna vez escucharon la historia de la madre que levantó un auto para salvar a su hijo que yacía atrapado debajo de una de las ruedas. O la del joven que, al ver que su novia lo estaba por dejar, le creció la vaina 10 cm durante el acto sexual. O la mejor de todas: la del hombre que deseaba tanto alcanzar su control remoto sin moverse del sillón, que se lo termino acercando telekinéticamente. Ok, a primera vista, este puede no parecer tan extremo como el primero pero tengamos en cuenta algunos detalles: al tipo le había empezado a practicar sexo oral la novia luego de una trabajosa reconciliación y realmente no daba para interrumpirla. En la tele, por otro lado, estaban por pasar un programa especial de sexo en la tercera edad – “Sin Censura ni Dentadura”- y eso significaba un alto riesgo para sus sentidos. “Hubiera cerrado los ojos y listo!”, pensarán con ingenuidad los que nunca oyeron a ancianos gimiendo y gritando de placer. Pues sepan que es realmente perturbador…
En la madrugada del 13 de abril, Tamir Elgrand, un empleado de la revista NAH!, fue testigo del insólito hecho que originó esta nota.
Esperaba que fuera una broma y decidí dejar correr unos minutos para ver si había un segundo mensaje aclarando algo, pero nada. Y algunos me dirán homofóbico, pero esta declaración abierta de su sexualidad me incomodó. Me incomodó porque sabía que nuestra relación ya no seria la misma. De ahora en más, cada vez que me ofreciera masajes, o me invitara a sentarme en sus muslos para redactar algo, o me acompañase al baño, en fin, todo eso que suele hacer durante una jornada laboral promedio, me haría pensar que quiere algo gay conmigo. Y no es que tenga algo contra los gays, es más, en casa tengo un hipocampo que es gay, bah, en realidad es hermafrodita pero bueh… Digamos que todo esto estaba dando vueltas en mi cabeza y no me dejaba dormir. Hasta que de repente escuché unos ladridos y ruidos en la puerta, como si la estuviesen arañando. Creí que simplemente se trataba de un perro molesto y decidí ignorarlo con la esperanza de que se fuera, pero los minutos pasaban y el perro no cesaba.
- ¡Abre la puerta, carajo! – gritó alguien desde afuera.
Entre fastidioso y un poco asustado, me dirigí a la puerta para poner fin a este bochorno. Cuando abrí, me encontré con un perro inquieto que no paraba de ladrar y absolutamente nadie a su alrededor.
-¿Hay alguien ahí? –pregunté al vacío y, como no hubo una respuesta, intenté ahuyentar al frenético animal que ya se estaba tornando molesto. Resignado, concluí que lo mejor sería cerrar la puerta y simplemente esperar que el dueño – el perrito tenía correa – eventualmente se dignara a venir a buscarlo, y fue entonces que el perro dijo algo así:
- Espera, hueon, relájate. ¿No ves que necesito ayuda? ¿Cómo es? Claro, Lassie te ladraba 5 veces y le entendías todo… y yo qué onda, ¿ladro en chino? Aparte lo único que en realidad decía era “me como mi propia caca” y ustedes, los hombres, no se daban cuenta y al principio me pareció gracioso, pero lo repitió tanto que lo quemó…
Y yo no podía creerlo. ¡Lassie, el perro más bueno del mundo resulto ser un flaite! Ah, y en frente mió tenia un perro que hablaba. ¿Pero quién se habría imaginado eso de Lassie? En fin, ahí no más entro a explicarme lo que estaba pasando, que su casa estaba en llamas, que sus dueños seguían atrapados ahí y que no quedaba mucho tiempo. También me pregunto si su afán por autofelarse lo convertía en un perro gay y le dije que si, porque tuyo o no, te estas llevando un pito a la boca. Y empezamos a discutir porque él estaba convencido de que no, para él era lo mismo masturbarse con la mano que con la boca, es más, me aseguraba que lo segundo era más placentero. De hecho, hasta afirmaba que de ser posible el 90% de los hombres lo haría. No sé qué le pasaba a todo el mundo esa noche, pero ya estaba harto de hablar temas gay. ¡Esta maldita liberación sexual me pone nervioso! Sin perder un segundo más, decidí terminar el debate y llamar a los bomberos. Y fue ahí que el perro pronunció sus últimas palabras:
- ¡Gracias puto reprimido!
Por suerte, la ayuda llegó justo a tiempo y todo terminó bien. Bueno, casi todo en realidad, porque uno de los vecinos, que es alcohólico, quiso encender un cigarrillo acercándose a la casa en llamas y se prendió fuego. Y cuando las llamas llegaron a su hígado, hubo una tremenda explosión.”
Este asombroso testimonio dividió a la opinión pública en tres grupos: los que creen que el perro habló, los que no lo creen y los que creen que los homofóbicos como Tamir son en realidad homosexuales reprimidos.
El cerebro es el órgano más complejo del organismo y dicen que si lo usáramos al 100%, tendríamos hoy capacidades que consideramos supernaturales como la telekinesis, la telepatía o incluso la autofellatio, pero todavía no dejan de ser meras suposiciones. Las últimas investigaciones también revelan que conviven con personas son capaces de desarrollar sentimientos como el odio y el amor, lo que provoca grandes alteraciones en su comportamiento natural. Un ejemplo de esto es el caso que conmocionó a Angol. Un granjero medio pervertido solía tener apasionadas noches con una de sus ovejas y, un día, estando borracho, se confundió y le dio a otra. Su amante habitual, la ver esto, enloqueció de celos y mató a cabezazos a la otra oveja.
Si me preguntan a mí, no es que crea fehacientemente en el testimonio de un chico como Tamir, pero tampoco me parece inviable. Es que, a decir verdad, siento que ya nada puede sorprenderme en esta vida. No después de haber visto a un octogenario llegar al quinto polvo al hilo en la vigésima temporada del reality más aclamado de todos los tiempos, “Sin Censura ni Dentadura”: es lo más perturbador que hay, pero no puedo dejar de verlo a la medianoche por FX.
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